Juan Medina Gordillo, "El Francés"
Ya estamos de nuevo con la cuestión De Juana Chaos. Ya se escribió en su momento un caudal ingente de letras como para taponar el Nilo. Yo entre ellos. Volverán las manipulaciones a sus nidos...
Aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, hoy os voy a hablar de otro psicópata, también español (ésto esta escrito con ánimo soba-cojonandi).
Damos la bienvenida a Juan Medina Gordillo. Se trata de un spree killer, que como ya he comentado más de una vez, son asesinos que cometen sus crímenes en lugares diferentes en lapsos de tiempo muy breves. Este hombre mató a cinco personas con una escopeta y luego se pegó un tiro en San Millán de Lara (Burgos). Tenía 53 años y lo hizo por desamor.
En los montes que rodean la localidad de San Millán, era conocida su afición a la caza, que no al trabajo. «No hacía nada, pero siempre tenía dinero», comentaban los vecinos. Juan no era una persona a la que le gustara relacionarse, aunque tampoco nadie se alarmó nunca por su antipatía.
Llegó al mundo en La Línea de la Concepción. Se le tenía por huraño y algo autoritario. Le llamaban «El Francés». Allí se casó con Inocencia Porras y allí, la pareja tuvo un hijo. Pero el matrimonio terminó en divorció. Ella se quedó en Francia.Y él se volvió a España, yendo a recalar a casa de sus ya ex suegros en San Millán de Lara. Un pueblecito con apenas 30 habitantes dedicado sobre todo al cultivo de los pinares y la venta de la madera.
Los padres de la que fuera su esposa lo acogieron bajo su techo durante diez años. Pero en 1994, Juan Medina cambió de domicilio. Según unos, por voluntad propia. Según los más, porque sus suegros le pusieron en la calle.
De una manera u otra, Juan Medina, «El Francés», se fue. No sin antes amenazar de muerte a sus suegros, según rezan los rumores. Pero siguió en San Millán de Lara, en una casa que él mismo se había construido.
Se ganaba la vida cultivando un huertecillo. Llevaba, según los vecinos, una vida «normal». No frecuentaba los bares, ni la iglesia, ni tenía oficio conocido. Era cazador y se llevaba «más mal que bien» con los del lugar. Los vecinos le describen como un hombre alto, calvo, huraño y aparentemente equilibrado.
Todo San Millán de Lara sabía de las pretensiones amorosas que Juan Medina tenía sobre una muchacha a la que sacaba 30 años y a la que dio muerte. A ella y dos hermanos suyos. Los tres eran conocidos en el pueblo, al que se desplazaban cada fin de semana desde Burgos capital.
Tras oír los disparos, los demás vecinosse encerraron en sus casas. «Pensamos que podría venir también a por nosotros. A por todos», comentaban.
«A él lo que le gustaba era andar con las niñas. Sí, las que ahora ha asesinado. Ya decíamos nosotros que esto no podía acabar bien, aunque no esperábamos que fuera a pasar nada tan trágico», recordaban en el pueblo al poco de la matanza.
