Hoy me toca escribir sobre asesinos en serie. Aquellos que me leen, poverellos, sabrán que esta bitácora tiene dos puntos centrales: mi desorientación vital en este loco mundo, y, por otra parte, los psicópatas y los asesinos en serie. A veces se me va la olla, o la pinza, o me voy por los cerros de Ubeda (bonita historia, por cierto) y me dejo dominar por los instintos, muy malo para un aprendiz de psicópata.

Así que vamos a las fuentes y centrémonos en los asesinos en serie. Hoy llega hasta aquí Martin Bryant. Un nuevo spree killer (asesinos que cometen sus crímenes en lugares diferentes en un corto período de tiempo).

El 28 de abril de 1996, un joven de larga y muy rubia melena, Martin Bryant, de 28 años, llegó al café "Broad Arrow" de Port Arthur, Tasmania (Australia). Abrió una bolsa y sacó una cámara de vídeo que colocó sobre una mesa. Lo siguiente que sacó fue un fusil semiautomático con el que empezó a disparar sobre los clientes. Mató a 12 personas en quince segundos y, antes de salir del local, a otras cinco. La gente acudió al creer que era una atracción, cayeron otros quince.

Persiguió a una madre con sus hijas, mató a dos de ellas y a punto estuvo de hacer lo mismo con la otra niña. Se hizo fuerte con tres
rehenes hasta que al final fue capturado.

La defensa adujo el "Síndrome de Asperger" (un trastorno profundo del desarrollo cerebral caracterizado por deficiencias en la interacción social y coordinación motora, y por los inusuales y restrictivos patrones de interés y conducta). Se río mientras admitía su culpa en los 35 asesinatos. Por ello fue condenado a cadena perpetua sin reducción de pena (como De Juana Chaos).

Incluso hoy en día existe alguna página web en la que se pone en duda su autoría. Vamos, como lo del jucio del 11-M.