Volvemos, una vez más, a los origenes de este blog: los asesinos en serie, los psicópatas y los psicóticos. Hoy añadimos a dos nuevos personajes a nuestra particular galería de monstruos humanos.

Señoras y señores, niños y niñas, con todos ustedes, dos barbudos que cogieron un arma y se liaron a tiros: Baruch Goldstein y Marc Lepine.

Estas dos personas (hombres, por supuesto), son spree killers. ¿Qué son los spree killers? Los que me hayan leído anteriormente ya sabrán a qué me refiero, se trata de personas que cometen sus crímenes en períodos breves de tiempo.

Baruch Goldstein entró en febrero de 1994 en la mezquita de Ibrahim, en Hebron y asesinó a 29 palestinos que oraban en ella. Los mató a quemarropa mientras los soldados israelíes miraban el espectáculo. Tanto que le permitieron recargar su ametralladora automática y seguir su "misión divina". Dejó más de 100 heridos. Fue abatido por los soldados israelíes. Cometió la matanza por motivos religiosos y se ha convertido en un héroe para los fundamentalistas judíos.

Del Estado de Israel, no muy dado a albergara asesinos en serie, aunque plagado de violencia política, nos vamos hasta la pacífica Canadá. Aunque parece mentira, en ese idílico y bello país también han tenido la experiencia de un spree killer. Es el caso de Marc Lepine.

El 6 de diciembre de 1989, este joven de 25 años asesinó a 14 mujeres e hirió a trece en la Escuela Politécnica de la Universidad de Montreal. Estaba armado con un rifle Sturn Ruger Mini - 14, semiautomático. ¿La razón? Mientras la de Goldstein fue religiosa, la razón que llevó a Lepine a matar fue su odio a las mujeres con éxito y a las feministas.

Marc entró en una de las aulas gritando: "Quiero sólo a las mujeres" y ordenó a los hombres que dejaran el aula, unos 48. Alineó a las nueve jóvenes que quedaban y tras decirles que eran unas feministas les fue disparando una a una. Seis murieron y tres resultaron heridas.

Salió de la clase y continuó su caza. Recorrió los pasillos disparando sin parar. Llegó a la cafetería y mató a tres muchachas. Luego fue a otra aula y mató a cuatro. Tras ésto, se suicidó, como suelen hacer casi todos estos individuos.

Lepine no era estudiante de la Politécnica. Años antes había presentado una solicitud de ingreso, pero no había sido aceptado, al igual que el ejército. Amante de las películas bélicas, provenía de una familia en la que fue golpeado por su padre de niño, un padre que abandonó a su familia. Marc se quedó con su madre y su hermana.

Se encontró una carta en uno de sus bolsillos en la que señalaba que tenía razones políticas para hacer lo que hizo: "...las feministas siempre han tenido el talento de irritarme. Ellas quieren mantener la ventaja de ser mujer...mientras tratan de arrebatar aquellas de los hombres... Son muy oportunistas, ya que se aprovechan del conocimiento acumulado por el hombrea través de los años".

Odiaba a las mujeres exitosa y a las feministas, que para él eran lo mismo. La carta,a demás de las diatribas, contenía una lista de 19 mujeres conocidas y a las que despreciaba de manera particular.

Lepine mató a esas mujeres como responsables de su fracaso al querer estudiar ingeniería, eso creía él. Eran unas usurpadoras de un lugar que creía suyo. Las mujeres no deben estudiar ingeniería, es un trabajo de hombres, pensaba.