David Berkowitz vino al mundo el primer día del mes de junio de 1953. Hijo no deseado, abandonado y adoptado. Niño tímido, en su comportamiento se alternaban los momentos de extrema timidez, complejo de inferioridad y fuertes depresiones con arrebatos de ira y violencia desmesurada. Odiaba a su padre y se sentía sexualmente atraído por su madre. Cuando murió su madre adoptiva, buscó y encontró a su madre biológica, pero se sintió desilusionado por su apariencia física.

Poco a poco fue alimentando un tremendo odio hacia las mujeres. Durante su adolescencia comenzaron sus desdoblamientos de personalidad. Y para mejorar su autoestima, y con el fin de vengarse de una sociedad en la que no terminaba de encajar, se compró un revólver, un calibre 44 que con el tiempo se hizo famoso.

Así, a los veintitrés años inicia su carrera asesina. Sembró de terror las calles de Nueva York entre 1976 y 1977. Mató a seis personas e hirió a siete más. Asesinaba sin razones y disparaba a cualquier persona que se cruzara en su camino, sin importarle raza, sexo o edad. Y al pasar el tiempo, ganó en confianza y seguridad, lo que le transformó en una persona fría y sin escrúpulos. Pero negligente al cometer sus crímenes.

El 29 de julio de 1976 mata a dos chicas jóvenes (18 y 19 años). 23 de octubre, hiere a una mujer y a un hombre. El 26 de noviembre dispara sobre dos chicas de 16 y 18 años, hiriéndolas. El 30 de enero de 1977, dispara sobre otra pareja y mata a la chica. La policía comenzó a unir los ataques y se dio cuenta que estaba ante un asesino en serie.

El 8 de marzo volvió a matar. En esta ocasión a una estudiante. Un hombre lo vio todo y cuando Berkowitz pasó a su lado le dijo: "buenas noches". El 17 de abril ataca de nuevo. Mata a una pareja de novios mientras se besaban en el coche.

En este asesinato dejó una carta en la que se llamaba a sí mismo como "El hijo de Sam". Carta dirigida al capitán Joseph Borrelli, uno de los integrantes del equipo de su busca. También envió una carta al "New York Daily News", agradeciéndoles su atención y prometiendoles que tendrían más que contar.

Su último ataque fue el 31 de julio de 1977. De nuevo a una pareja. A ella la mató y a el le hirió. Un testigo logró identificarlo cuando huía del lugar. El 10 de agosto le detuvieron. El oficial que lo hizo le preguntó: "Ahora que te tengo. ¿A quién tengo?". Berkowitz le dijo sonriendo: "Soy el hijo de Sam, David Berkowitz".

Confiesa todos sus crímenes, pero alega locura al afirmar que escucha una voz de un demonio de 6.000 años, que se ha encarnado en Sam, el perro de su vecino. El perro le ordenaba matar. Se le diagnostica como esquizofrénico paranoide de personalidad antisocial.

Se le juzga, es declarado culpable y condenado a cadena perpetua, 365 años en una cárcel de máxima seguridad. En la cárcel reconoció que había formado parte de un culto satánico relacionado con Charles Manson, y aseguró que no había cometido los crímenes sólo, que habían sido varios. "Al principio no era más que un participante (del culto satánico), pero muy pronto me convertí en un verdadero adorador del Diablo. Mi cuerpo y mi mente le pertenecían, me estaba convirtiendo en una máquina de matar".

Se han vinculado los crímenes de Berkowitz con sectas satánicas, y parecen que hay pruebas (según el periodista Maury Terry) que lo demuestran, y que dicen que Berkowitz tan sólo era un peón amaestrado y dócil que cumplía las órdenes de la secta.

Escribió un libro, "El hijo de la esperanza". Entre sus frases, ésta: "Déjenme decirles, he estado en el infierno y he regresado. He vivido un gran desorden en mi vida. Pero, ¿saben?, he conocido a Jesús, sirviendo a nuestro señor y es lo más extraordinario que me ha pasado. Dios ha tirado todos mis pecados a un mar de olvido. ha tenido piedad de mí, un asesino trabajador del diablo"

Postdata: ¿No os recuerda la cara de Berkowitz a la de Paquirrín?.