En estas tierras norteñas, en la Cornisa Cantábrica, creo que podemos decir que nos han robado el verano. No sé quien ha sido, pero lo han robado. Por lo menos a mí y a mi familia.

Por circunstancias tanto laborales (maternidad de mi compañera) y familiares (un nuevo retoño), no nos hemos podido escapar ningún día (ya llegará, ya llegará...). Así que nos hemos quedado por aquí, excepto quince día que mi familia se fue a Laredo.

Me da la sensación de que no he vivido el verano, de que ya estoy en otoño avanzado. Está haciendo un tiempo horrendo, no para de llover y siempre oscuro. Y me fastidia sobre todo por Alejandro. Esta semana tenía pensado haberlo llevado el Txikigune (Parque para críos) de la Aste Nagusia. Ya me imaginaba haciendo colas y discutiendo con padres y madres.

Nada. Rien de rien. Llueve tanto que lo han suspendido la mayoría de las tardes. Ni Txikigune, ni Fuegos Artificiales (aunque los odie).... Una auténtica pena, sobre todo para él. Para mí es una pelea continua, gente y más gente. No me imaginaba que lo iba a echar de menos. Será que la paternidad cambia a las personas.

Y lo malo es, ¿a quién me quejo?. ¿A los dioses?. ¿Al hombre?. Como se suele decir: ajo y agua. El verano de 2007 no ha existido.

Y el verano se acaba. Lo sé porque ya están las televisiones emitiendo anuncios de coleccionables.