Hobbes tenía mucha razón (segunda versión)
Ayer escribí este artículo. Sin embargo, leyendo por aquí y por allá, encontré nuevos datos, que aumentan la crueldad de lo que comentaba. Los añado hoy. Y para diferenciarlos, lo hago en cursica y en otro color. Gracias por vuestra atención.
Tenía previsto volver a mi galería de psicópatas y asesinos seriales con la historia de Lizzie Borden. Ya lo tenía casi preparado, en otro momento será. Hoy quiero incorporar a esta bitácora un texto impresionante, por lo que impresiona, no por su calidad literaria.
Ayer comencé la lectura de un libro: "De los delitos y las penas" de Cesare Beccaria. El primer párrafo me dejó bloqueado. El hombre es capaz de cometer las mayores barbaridades, pero no me imaginaba hasta qué punto (y mira que me imagino cosas). Adjunto el párrafo, pero advierto que puede herir la sensibilidad del lector e incluso dar ideas, lo que es peor:
"Robert Damiens hirió a Luis XV con un cuchillo con intención de matarle. Apresado en el acto, fue juzgado y condenado a muerte. Sus contemporáneos nos han descrito su ejecución: el 28 de marzo de 1757 se le leyó la sentencia, que escuchó atentamente y al terminar exclamó: `La jornada será ruda´. (...) A continuación narra el suplicio - ordinario y extraordinario - a que se sometió a Robert Damiens, aconsejado por los médicos como `el más terrible y el menos peligroso de los tormentos´, y el cual sinteticamente puede plantearse así: aplicación de la `Pena de los borceguíes" (que consiste en sujetar fuertemente las piernas del reo entre cuatro tablas e introducir cuñas a martillazos de forma que los huesos salten por la presión).

Damiens lo soporto con entereza y repitió que no había en su crimen ni complot ni cómplices, fue conducido a la plaza pública, tendido en el cadalso y sujetado fuertemente con aros de hierro atornillados a las tablas. Diez verdugos participaban en la ejcución y dos confesores le asistiían. En su mano derecha se le colocóel arma del crimeny se le quemó con fuego de azufre. Se le arrancó la carne de las partes más carnosas del cuerpo con una tenazas calentadas al rojo vivo y luego se vertió en las llagas una mezcla hirviente de plomo, aceite, pez, cera y azufre. Por fin, sus miembros fueron atados con tirantes a cuatro fogosos caballos para que fuera descuartizado. Durante una hora tiraron los caballos sin lograr arrancarlos. El número de caballos se aumentó hasta seis, pero siempre en vano,hasta que los jueces permitieron que se le hicieranincisiones en las articulaciones para afcilitar la tarea. Al fin, uno de los caballos arrancó la pierna izquierda.El "espectáculo popular" duró buena parte del día; en la noche, cuando uno de los caballos le arrancó el último brazo, Damiens expiró. Su cuerpo, que sólo era un montón informe de carne, fue quemado todavía palpitante. Sus cenizas se arrojaron al viento.
Se confiscaron todos sus bienes en provecho del rey, y la casa en que había nacido fue arrasada hasta los cimientos, sin que sobre ella pudiera construirse en el futuro ningún otro edificio. Un decreto del Parlamento determinaba que la mujer, su hija y su padre serían obligados a bandonar el reino con la prohibición de no volver nunca, bajo pena de ser colgados y ahorcados sin forma ni figura de proceso, y prohibida a todas las personas de la familia que llevasen el nombre de Damiens usarlo en el futuro, bajo las mismas penas".
¿Cuánto puede soportar un cuerpo humano? Al parecer, mucho.
¿Qué nivel de crueldad puede tener un ser humano? Al parecer, más que aguante físico.
Homo homini lupus est.




mafalda-y-yo dijo
Francamente, un relato sobrecogedor. Este fragmento me ha traido a la memoria una visita que hice, hace ya unos cuantos años, a una exposción sobre la Santa Inquisición que hicieron en Las Palmas. El lugar para ello fue un Castillo, el Castillo de La Luz. Muy apropiado... apropiadísimo. Allí se podía ver de todo. Realmente se esmeraron en aquel evento, puesto que cada artilugio contaba con una exhaustiva explicación de su utilización, efectos... con ilustraciones incluídas. Vamos, que te hacías una idea clarísima de para qué era cada cosa que había allí expuesta. Podría ponerte algunos ejemplos, y tal vez disfrutaras con ello, teniendo en cuenta sus ansias de llegar a ser Psicópata pero... mejor voy a pasar de ello, con tu permiso. Eso sí, no podía faltar la omnipresente guillotina...
Me costó reponerme de aquello, lo admito. Supongo que era demasiado joven... o tal vez no. Simplemente se trataba de algo demasiado fuerte, se tenga la edad que se tenga. Salí de allí sorprendidísima, asombrada de la capacidad que tiene el ser humano para hacer sufrir a sus semejantes. Me preguntaba qué tipo de persona es aquella que dedica tiempo a idear y diseñar artefactos que produzcan el máximo sufrimiento sin alcanzar la muerte de la víctima. Cómo es posible que se hayan inventado todas esas "herramientas". Y lo más sorprendente todavía: ¿Cómo se podía hacer uso de todos esos elementos perversos y torturadores en nombre de Dios? En todo a esta última pregunta es posible abrir un debate interminable e interesantísimo, por otra parte.
Recordar aquella visita me ha traído la misma sensación de malestar, repugnancia, asco y nauseas que experimenté al salir de aquel castillo al que nunca más he vuelto.
Tienes toda la razón cuando dices Homo homini lupus est. Lástima que nuestra especie sea así... pero mucho me temo que no vamos a cambiar jamás.
12 Septiembre 2007 | 07:01 PM