Lizzie Borden: la parricida de Fall River. El juicio.
En el anterior artículo habíamos dejado a Lizzie Borden detenida y a la espera del juicio, acusada del doble asesinato de su padre, Andrew Borden, y de su madrastra, Abby. Tras la audiencia preliminar, el juez dejó a Lizzie en libertad sin fianza hasta el momento de su presentación ante el Gran Jurado. La prensa la había descrito como una heroína tras su detención. Heroína y mártir. Todos creían en su inocencia.
El juicio supuso todo un acontecimiento para la sociedad de su época. Lizzie era miembro de las clases altas y era difícil creer que una chica de su posición asesinara a sus padres de una forma tan brutal.
Sin embargo, las pruebas en su contra eran abrumadoras. Entre ellas, había comprado veneno en una farmacia días antes de los asesinatos. Durante el juicio, el público asistente la saludaba y vitoreaba. Era un ídolo. Le enviaban felicitaciones desde todos los lados y era la estrella de las portadas de los periódicos (únicos medios del momento). Se creó un enorme movimiento no sólo por los periódicos, sino también por las organizaciones religiosas, grupos femeninos, etc. Hasta la iglesia se encontraba a su favor. Lizzie Borden tenía dos grandes motivos para asesinar a su padre y a su madrastra. El primero era el dinero de su padre, un hombre de mal carácter, estricto y avaro (tan estricto y protector, que las puertas interiores de la casa siempre estaban cerradas con pestillo y el señor Borden trataba Lizzie como una niña pequeña. A sus cuarenta años, le estaba prohibido salir de casa para hablar con extraños). El segundo motivo sería el rechazo a su madrastra, Abby, una mujer muy hipocondríaca y posesiva, que, al parecer, no había terminado de encajar en ese hogar.
Consideraba el amor de su padre por Abby como una amenaza directa para su futura herencia, en perjuicio de su hermana Emma y ella misma.
Al matarlos, despejaba el camino de la herencia para no compartirla con , según ella, un elemento extraño a la familia. Si en verdad los asesinó, seguramente fue por conseguir lo que consideraba sus bienes y derechos.
No prestó testimonio ante el juez, quien tampoco aceptó el testimonio de un vendedor que afirmó el doble intento de Lizzie por comprarle ácido prúsico, pues la acusada alegó que lo utilizaba como antipolillas.
La defensa se aferró a la ausencia de sangre en sus ropas, sin darse cuenta que la mujer pudo haber cambiado de ropas entre que los mató y "descubrió" los cadáveres. Tampoco tuvieron en cuenta el testimonio de la criada, Bridget, afirmando que el domingo posterior a los crímenes, Lizzie estuvo quemando un vestido nuevo que estaba manchado "con pintura", "para ordenar un poco el guardarropa", según ella misma. Tampoco era cierto que en el momento de los hechos, Lizzie estuviese en los establos, pues el calor que solía hacer allí dentro no se soportaba muchos minutos, ni tampoco había polvo de pisadas en los tablones. Y por último, los periódicos informaron, poco antes del juicio, que se había hallado otro cadáver en Fall River, muerto de manera idéntica a los otros dos... (¿Estaría haciendo prácticas?)
Los abogados de la acusación y los fiscales se retractaron de sus argumentos, llegando al extremo de pedir perdón a Lizzie por haberla acusado del crimen.
Las pruebas, en contra; 21 de los miembros del jurado, a favor de acusarla de asesinato... pero el tribunal, presionado por todas partes, la consideró inocente. Y era la única persona que podía haber cometido los crímenes.
El jurado la declaró Inocente, el juez estuvo de acuerdo con la decisión. Cuando el portavoz del jurado pronunció el veredicto de "inocente", el público de la sala comenzó a aplaudir y a felicitar a la mujer, quién rompió a llorar pidiendo que se la llevara a casa.Aun así, sigue siendo la parricida más famosa de la historia del crimen.
En Massachusetts reinaban prejuicios contra la ejecución de mujeres, desde que se había ahorcado, años antes, a una joven que estaba embarazada de cinco meses. Cuando se salvó de la pena capital, aprovechó los 250.000 $ de su padre para comprar otra gran mansión. En ella pasó los 34 años restantes de su vida.
Emma Borden, la hermana
Tal y como dice una típica canción infantil estadounidense: “Lizzie Borden cogió un hacha y le dio cuarenta hachazos a su madre. Cuando vio lo que había hecho le dio cuarenta y uno a su padre”.

Postdata: La casa donde ocurrió todo es ahora un Bed & Breakfast. Un pequeño hotel con encanto, donde por 200 $ la noche, puede dormirse en la habitación de Lizzie o en la de sus padres. Además, se pueden adquirir unos entrañables recuerdos: una reproducción del hacha utilizada, una graciosa camiseta con la cara de Lizzie o una graciosa muñequita que se mueve blandiendo el arma homicida. Eso sí, al parecer no permiten rememorar los asesinatos. Para los curiosos, he aquí la dirección de la página web: https://www.lizzie-borden.com/



mafalda-y-yo dijo
....
ehhh...
ummm...
a ver...
esto....
si....
a ver cómo te lo explico....
Esto sólo puede ocurrir en Estados Unidos.... ¿dónde si no? Vamos, ni el Dioni...
3 Octubre 2007 | 12:47 PM