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La Coctelera

Homo desorientatus

No comprendo nada. Living in a agilipolling world

13 Diciembre 2007

Llega el circo

Hoy no voy a tratar cuestiones de sangre, muerte y terror. Hoy voy a escribir sobre el "El Circo".

Nunca me ha gustado el circo. Cuando era pequeño mi padre nos llevaba a mi hermano y a mí todos los años. Y, a pesar de que iba contento ya que lo hacía con mi padre, la sensación que siempre me dejaba el circo era de melancolía, pérdida y fracaso. Un espectáculo triste. Sensaciones personales.

Sin embargo, fui un apasionado de "Gaby, Fofo, Miliki y Fofito - Los payasos de la tele". Todas las tardes me enchufaba enfrente de la tele en blanco y negro, pantalones cortos y bocata de Nocilla o de chorizo Revilla para llenar el buche. Me gustaban ellos y sus aventuras surrealistas. En cambio, cuando salía la actuación de circo, me aburría, a no ser que fuera excepcional.

¿A qué viene todo este rollo? A que este año ha sido el primero en que he llevado a mi pequeño al circo. Y, a diferencia del bandarra de su padre, le encanta.

Dos veces he ido. La primera fue en el lugar donde vivo, de cuyo nombre no quiero acordarme.

A esta localidad llegó el "Circo Fischer". Me acerqué hasta donde lo instalaron. Lo que vi no me gustó nada. Una roja carpa vieja, pequeña y unos pocos remolques. Muy provinciano. Todo lo que veía me recordaba a una pelicula de Chabrol. Pero como le habíamos prometido al pequeño que le iba a llevar al circo, no me podía echar atrás.

En resumen, era un circo familiar, cuatro personas: padre, madre y dos hijos, que hacían de todo. Vender entradas, acomodar a la gente, vender las palomitas, cambiar el atrezzo, presentar y actuar. Y en la pista los cuatro con sus números: el padre vestido de vaquero y con un látigo, la madres con patos, ocas y gansos, los hijos con sus equilibrios, malabarismos, etc. Cuatro personas para más de doce números. A eso se llama multitarea.

Se les caían las bolas con las que hacían malabares, no salía a la primera, pero no importaba. Era tan cercano y tan cálido (estábamos al lado, sentados con unas sillas de plástico, de esas de cervecera) que rezumaba encanto por todos los lados. No importaba lo cutre que era todo: los asientos, el vestuario, las palomitas revenidas... El esfuerzo de esas cuatro personas merecía todos los aplausos. Era circo de toda la vida, con las actuaciones de toda la vida.

Salí encantado, lo que había visto me pareció divertido y a mi hijo le había entusiasmado. ¿Qué más podía pedir?

La segunda ocasión en que he ido al circo fue durante la pasada Aste Nagusia de Bilbao. Nos fuimos Alejandro, mi mujer y yo a ver "El Gran Circo Mundial". Unos días antes había comprado las tres entradas: 75 €. Atraco a mano armada por parte de la cuadrilla del Tempranillo. Y el pequeño de tres años, paga lo mismo que M. y yo. Y eso que no estaban en primera fila.

Por lo menos, los asientos estaban bien, centraditos y cerca. Pero una gotera caprichosa molestaba a mi santa, así que nos cambiamos a unos asientos de la misma fila, no tan centrados. Tuvimos cierta suerte ya que si nos llegamos a quedar en ellos, hubiésemos intrevenido en la función: eran los asientos trampa (esos en los que luego tienes que participar porque te escogen).

Se inicia la función. Me quedo atónito. En lugar del circo parecía que estaba asistiendo a una Gala de Jose Luis Moreno. Como presentación, todos los artistas cantando en play back y bailando, una canción que podía partir los tímpanos del volumen y el alma de un esteta.

Siguiente número, siete chavales: "Los Siete Hijos del Sol", haciendo break dance acrobático con más música atronadora.

Además de la música a todo trapo, hubo otra cosa que me llamó mucho la atención: la oscuridad. En la mayoría de los números había una iluminación tenebrista, tanto que durante los intermedios - mientras hacían el montaje de un número complejo -, que llenaban los payasos, sólo eran iluminados por un foco de luz blanca difusa.

Los números le deben mucho al estilo implantado por "El Circo del Sol". Todo muy moderno y estudiado. ¿Dónde está el circo clásico?

Y todo carísimo, un paquete pequeño de palomitas tan o más revenidas que en el Circo Fischer: 4 €

Eso sí, el pequeño, encantado, que es lo que importa. Sobre todo, cuando salieron los elefantes (por lo menos con los animales sigue lo clásico).

Anécdota: Dijeron quehabría una sorpresa (ya anunciada en los medios de comunicación), un bautizo. Salió el jefe de pista - que era uno de los payasos - y bautizaron con toda solemnidad a un pequeño león (durante toda la función no hubo número de leones, sí de tigres. No comprendo nada).

Al día siguiente lo volvieron a bautizar ya que lo volvieron a decir en las radios locales. Pobre leoncito. Le pusieron de nombre, "Nervión", por el gran cariño del Circo Mundial a Bilbao. Tras Bilbao, uno de los lugares que iban a visitar era Zaragoza, ¿nos apostamos algo a que le volvieron a bautizar y le pusieron "Ebro" o "Pilar"?

Por lo menos, a Alejandro le gusto. Me veo yendo al circo, muuuuuuuchos, muuuuuuuuchos años. Es lo que tiene ser padre. Habrá que ahorrar.

Postdata: Este artículo lo tenía escrito desde septiembre. Por falta de tiempo aún no lo había publicado. Lo hago ahora, pero tendría que añadirle algo ya que he vuelto a ir al circo. Sin embargo lo haré en otra ocasión ya que es una aventura un poco surrealista.

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3 comentarios · Escribe aquí tu comentario

elterrariodedonovan

elterrariodedonovan dijo

Hace mucho tiempo que no piso un circo.A ver si en 2008 me animo.Felices fiestas.

Salu2

23 Diciembre 2007 | 09:44 PM

bateman

bateman dijo

Felices fiestas, Terrario. Y si por donde vives se acerca el "Circo Fischer", no dejes de visitarlo. Merece la pena.

26 Diciembre 2007 | 10:22 AM

Javi

Javi dijo

totalmente de acuerdo, mágico y emotivo el circo Fischer... una experiencia inolvidable...

30 Julio 2009 | 06:17 PM

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Llamarme Bateman. Estoy en la cuarentena con crisis vital permanente, desorientado por este mundo. Mi escepticismo y mi fe en el ser humano no hace más que disminuir. Quería convertirme en asesino en serie para aliviar mi falta de perspectivas. Soy un perezoso.

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