Hace años volvíamos dos amigos y yo de fiestas de San Ignacio a altas horas de la madrugada ( y medio serenos). Paramos el coche al lado de la vivienda del primero que se apeaba. Al lado de un kiosko. Era domingo y ya estaban los periódicos. Nos bajamos para coger uno para cada uno. El conductor se quedó esperándo en el coche. No fuimos los primeros ya que la cinta de plástico que envuelve los paquetes de periódicos ya estaba rota. Cojimos tres ejemplares y cuando nos dimos la vuelta, nos esperaban un par de ertzaintzas.
Nos tomaron nota der DNI y nos comentaron que iban a dar parte al dueño del kiosko. Mu bien. Nos fuimos a casa sin los periódicos. El de coche se fue de rositas, sin que le apuntaran el DNi y con un ataque de risa por lo que nos había pasado.
Al de un tiempo, no muy largo, a mi compañero de fechorías le llegó una citación del juzgado para asistir a un juicio por una denucnia del dueño del kiosko. A mí nada. Se celebró el juicio y le condenaron a pagar 100 pesetas y a dos fines de semana de arresto domiciliario. A mi nada. Me moría de risa. Y mi amigo se subía por la paredes. Yo fui juzgado en absentia ya que según el juzgado estaba en "paradero desconocido". Me sentía importante, una especie de Billy el Niño, Clyde o "El Dioni".
La cuestión servía para que nos cachondeáramos mientras íbamos de farra, hasta que se nos olvidó. Pero al de un año y medio me llega una citación del juzgado para que me presente. Al principio me inquieté un poco, luego pensé que tendría que ver con lo de los periódicos.
Efectivamente, cuando me acerqué (curiosamente, ahora trabajo en las mismas dependencias) me mostraron mi sentencia y que por fin habían dado con mi paradero. No me puse a rerir no sé porqué. ¿Paradero desconocido? He vivido en la misma dirección más de treinta años, por supuesto, durante el período del juicio y de la condena, y de mi busca y captura. Fui condenado a pasar dos fines de semana en arresto domiciliario, fines de semana que tenía que elgir yo mismo. Una bicoca.
¿A que viene todo este rollo? Viene a ver cómo está a veces la justicia. Tardaron año y medio en encontrarme sin haberme movido de mi baldosa en una población mediana. Y sí lo mío no tiene nada de importancia, aparte del gasto inútil, en otros casos los retrasos y errores judiciales pueden tener unas consecuencias trágicas y definitivas. Es el caso del asesinato de Mari Luz, la niña onubense de cinco años, asesinada ("presuntamente") por Santiago del Valle García.
Lean la siguiente noticia y no dejarán de rascarse los ojos de incredulidad: noticia

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