Hace tiempo que no incorporo a nadie a la galería de villanos. Entono el mea culpa y llega hoy hasta nuestra galería: Harvey Murray Glatman, "El asesino feo".

El problema de Harvey era.... que era muy feo. Durante la infancia sus compañeros del colegio se burlaban de él, incluso lo hacían sus familiares. Ese desprecio le hizo sentirse distinto. Se fue distanciando de la gente e incubando un tremendo oido hacia ella. La soledad se volvió compañera.

Sus orejas eran enormes y separadas, estilo Dumbo. Ojos saltones y boca grande. Eso le hacía sentirse diferente y crecía en su interior un sentimiento de venganza hacia quienes se burlaban de él. Y ese sentimiento era especialmente fuerte hacia el sexo femenino. Las mujeres huían de su lado. La fealdad la sublimaba con su tremenda inteligencia.

Sexualmente se frustró. Recurrió a la masturbación. Pero masturbarse no era suficiente, necesitaba el contacto humano. Esos primeros contactos vinieron de robar bolsos a sus compañeras de instituto. Fantaseaba con sus dueñas, leía sus diarios y se volvía a masturbar. Junto a ello también tenía "manías" sexuales, como la autoasfixia.

Pero necesitaba más. Con 17 años tenía una réplica de un revólver. Apuntaba a las chicas en la calle, las obligaba a despojarse de la ropa. No intentaba nada más. Observaba y mandaba. Tenía el poder.

Se inició su afición por la fotografía. No quería unos pocos momentos de contemplación, quería inmortalizar el instante. Sacaba las fotos a escondidas y las pegaba en las paredes de su habitación (¿no les suena de haber visto esta imagen en varias películas?).

Cuando se trasladó a Nueva York se sintió como Cristobal Colón: descubrió un nuevo mundo. Miles y miles de mujeres para ser fotografiadas. Las imágenes no le traicionaban ni le negaban su consentimiento, eran sus amigas.

Tuvo que recurrir al robo, incluso con agresión, por la falta de dinero. Capturado por la policía, pasó cinco años en Sing Sing.

Sale de la cárcel y se muda a Los Angeles. Su odio hacia toda la humanidad había crecido. Continua con su labor de fotográfo, acumulando fotos y más fotos. En la cárcel había descubierto las fotos pornográficas y quería ser fotógrafo de esas modelos. Que posaran para él dóciles, complacientes....

Su primera víctima fue Ann Dull. Quería ser una modelo importante, aunque para ello tuviera que ceder en algunos aspectos. Harvey la engañó, la convenció que trabajaba para una gran revista, que sería su salto a la fama. Y también la convenció para ir a su casa. La chica accedió, Harvey no le pareció peligroso. Si ella no mostraba inconveniente, quería fotos provocativas. Así, la ató de pies y manos con el consentmiento de la muchacha. Comenzó la sesión, le levantó ligeramente la falda y el jersey, y quiso llegar a más. La violó dos veces.

Si la chica le denunciaba, con sus antecedentes, sería su final. La tenía que matar. La llevó al desierto. La volvió a violar, a sacar fotos mientras ella le pedía clemencia. Le decía que no le iba a denunciar si la dejaba con vida. La estranguló. Cuando hubo terminado se puso de rodillas ante el cuerpo y llorando le pidió perdón.

Estuvo arrepentido bastante tiempo, pero cuando reveló el carrete de Judith se enamoró de esa imagen y saboreó la dulce sensación de tener poder. Colocó las fotos ampliadas en su apartamento.

Preparó un nuevo asesinato. En 1958 se apunta a un club de solteros. Dio un nombre falso y contacto con Shirley Ann Bridgeford. Cuando se conocieron ella se quedó asombrada por la fealdad de Harvey. La encañonó y se la llevó al desierto. Repitió de manera metódica (como buen asesino en serie) lo que había hecho anteriormente: violar, fotografiar y estrangular con una cuerda.

Sin embargo, había cambiado con respecto a la primera vez: ahora no había arrepentimiento alguno. Había encontrado su vocación. Y no quería parar.

La siguiente víctima la buscó en los contactos de la prensa. Ruth Mercado, chica de alterne, fue la elegida. Se enamoró de ella y pensó en cambiar de vida con la ayuda de Ruth. Ruth no fue distinta a las demás, le rechazó de plano y le dijo que sin dinero, no le haría ningún caso. Visita al desierto, a pesar de que la amaba.

Retornó a su primer modus operandi. Puso anuncios en prensa haciéndose pasar por fotógrafo de modelos. Conoció a Lorraine Vigil, necesitada de dinero por lo que el posar desnuda no le importaba demasiado. También la llevó al desierto. Pero esta vez la chica se reveló. A pesar de estar encañonada, forecejeó con él. Durante éste, Harvey la disparó e hirió en la pierna. Ella no cejó. Una patrulla de carretera de la policía pasaba por la zona, oyó los disparos y la lucha, y detuvo a Harvey.

En menos de un año cometió tres asesinatos y hubiera seguido si no llega a ser detenido.

Fue ejecutado el 8 de agosto de 1959, sin un lamento ni queja. Sus últimas palabras: "Es mejor así, tarde o temprano esto tenía que terminar así".

Un año después se estrenaba "El fotógrafo del pánico / Peping Tom", de Michael Powell. Una auténtica obra maestra y película imprescindible en el subgénero de cine de asesinos en serie / piscópatas. Una película que muy bien puede estar basada en la vida de Harvey Murray Glatman.