El vampiro de Düsseldorf (Segunda Parte)
Tras un arduo trabajo y tras la tregua navideña, por fin llega hasta sus pantallas (de ordenador) la segunda parte de la vida y milagros de uno de los más crueles, brutales y sanguinarios asesinos en serie de la historia: Peter Kürten.
Un pequeño resumen: sentía debilidad por la sangre humana. Por regla general, violaba a las mujeres, antes o después de matarlas. Bebía la sangre de sus víctimas y también mataba animales cuando estaba sediento. En ocasiones se divertía incendiando casas abandonadas, con la esperanza de que hubiera algún vagabundo en el interior.
Kürten se casó un par de veces. Con sus matrimonios quería pasar desapercibido, dar la imagen de un ciudadano normal y corriente. Formó un hogar, viviendo en un apartamento, y se volcó en ser un buen trabajador. Se vestía con elegancia y sencillez. Incluso se peinaba con brillantina, un producto casi desconocido en aquella época en Alemania. Usaba gafas, llevaba un cuidado y recortado bigote e incluso se ponía polvos faciales. Trabajador y asiduo a la iglesia local.
Cuatro años después del ataque a la niña (del que hablamos en la primera parte), parecía controlar sus impulsos asesinos. Pero el horror aún no había comenzado. Este comenzó el 9 de febrero de 1929. Ese día la policía encontró el cadáver de una niña de ocho años, Rosa Ohliger. La habían apuñalado tres veces y la habían intentado quemar con gasolina. La apuñaló en la vagina. Por las investigaciones de la policía, el objetivo de Kürten no había sido el acto sexual, se limpió su dedo manchado de semen en la ropa interior de la niña y luego lo metió en la vagina.
Descubrió el placer de volver al lugar del crimen. Esto le provocaba orgasmos
El lugar donde la ataqué lo visité dos veces en la misma tarde y luego volví varias veces. A veces tenía eyaculaciones. Al rociar con gasolina el cadáver de Rosa Ohliger y vi el fuego sobre el cuerpo, tuve una eyaculación a la altura del fuego.
Cinco días después apuñala a un mecánico de 45 años, Scheer. Veinte cuchilladas. Al día siguiente vuelve a la escena del crimen, incluso conversa con los detectives y policías. Y éstos charlaban con él con toda naturalidad, sin ninguna sospecha.
La noche del 23 de agosto de 1929 miles de personas celebraban los festejos del aniversario de Flehe. Dos niñas Gertrude Hamacher (cinco años) y Louise Lenzen (13años), abandonan la feria para ir a sus casas. Peter salío de las sombras, las siguió y le dijo a la mayor si podía comprarle unos cigarrillos mientras él se hacía cargo de la pequeña. Louise se fue a por el tabaco. Cuando se quedó sólo con la pequeña, Peter la estranguló y cortó despacio la garganta con una navaja de afeitar. Al regresar la otra niña la estranguló y decapitó.

A la tarde siguiente, acosa a una muchacha intentándola convencer para mantener relaciones sexuales. Le responde que preferiría morir. La complace, la apuñala, pero sobrevivió. Se convirtió en la primera persona en dar una buena descripción. Auqnue no muy buena, sólo dijo que era una persona de unos 40 años y de aspecto agradable.
Kürten estaba desenfrenado, al tope de su ferocidad. El aumento de ataques convenció a los médicos de que el "Vampiro" había perdido el control.
El 29 de septiembre violó a otra muchacha, Ida Reuter (31 años) y la mató a martillazos en un bosque de las afueras de Düsseldorf. El 12 de octubre asesinó a otra joven,Elizabeth Dorrier. Más tarde atacó con un martillo a Frau Meurer y Frau Wanders el 25 de octubre.
Düsseldorf vivía en un pánico sólo comparable al que vivió Londres en la época de Jack El Destripador.
El 7 de noviembre desaparace Gertrude Albermann (45 años). Dos días depués un periódico local recibe en su redacción una nota en la que se indica que el cuerpo se encontraba en la parte posterior de una fábrica. Y allí se la encontró, entre cascotes y ladrillos. Había sido estrangulada y apuñalada treinta y cinco veces.
Entre febrero y mayo de 1930 aumentaron los ataques, aunque sin consecuencias mortales. A pesar del enorme operativo policial, Peter seguía libre, y Düsseldorf, aterrorizda. Kürten los volvía locos, ya que no tenía un "modus operandi", si no que variaba su forma de matar y atacar continuamente.
Toda la suerte que Kürten había tenido y buscado hasta el momento, desapareció desde el 14 de mayo de 1930. Ese día llegó a Düsseldorf María Budlick, empleda doméstica sin trabajo. Había perdido la dirección del albergue de señoritas en el que iba a alojarse. Un hombre se ofreció a ayudarla. Pero el recuerdo del Vampiro la asustó. Apareció otro hombre para preguntarle si la habían molestado. María confío en él. Era Peter Kürten.
La llevó a su casa y le ofreció comida. Más tarde con la excusa de acompañarle al albergue, fueron caminando por un bosque. La atacó. Los dos cayeron y él apretó su cuello.No podía respirar. Peter aflojó la mano. Había conseguido eyacular mientras ella se desvanecía. Pero no había muerto.
Peter se incorporó, se arreglo con cuidado la ropa mientras María tosía semiasfixiada en el suelo. La ayudó a levantarse y la acompañó hasta la salida del bosque. Ella no quiso. Cada uno se fue por su lado.
María encontró el albergue, pero tardó unos días en hacer la denuncia. Tenía miedo. Y sólo recordaba la calle donde vivía Peter, Mettmanner Strasse, pero había olvidado que era en el número 71.
Küerten staba tranquilo y confiado de que nadie le había visto. Y no pensaba que María fuera capaz de encontar su apartamento. Pero el 21 de mayo se llevó una sorpresa al encontrársela en su casa. María encontró la calle y aunque esta le prometió no hablar a cambio de salir con vida, escribió una carta a una amiga contándole la historia.
Pero la carta le llegó a una persona equivocada que al leerla llamó a la polciía. María fue localizada por la policía y les llevó a la casa de Peter. No estaba cuando llegaron, pero al de un rato volvió. Vio lo que ocurría y se escabulló. Sólo podía ser acusado de intento de violacvión. Nada lo relacionaba con los crímenes. Pero era suficiente para quince años de cárcel.
Al día siguiente regresa a casa a recoger unas cosas y se instala en una habitación alquilada. Al de unos días le contó a su mujer lo que había ocurrido con María. Su mujer se deseperó, el horror al vacío se apoderó de ella: sin empleo y con un marido prácticamente en la cárcel. Ella amenazó con suicidarse. Fue el momento que Peter decidió contarle a su mujer que era "El Vampiro de Düsseldorf" (no me puedo imaginar la escena, la reacción de la mujer al saber la verdad, tuvo que ser terrible). Le propuso a su mujer que lo delatara para poder cobrar la recompensa.
Y así lo hizo. De esta menra, el 24 de mayo de 1930, se lo cuenta todo a la policía. Les indica que habvía quedado con su marido a las 15.00 en la puerta de una iglesia. la zona fue rodeada por la policía. Peter Küerten apareció a la hora acordada y se entregó sin ofrecer ninguna resistencia. "No hay razón para tener miedo", les dijo a los policías que le atraparon mientras sonreía.

