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La Coctelera

Homo desorientatus

No comprendo nada. Living in a agilipolling world

14 Octubre 2009

William Heirens, un asesino adolescente

William Heirens lo tenía todo, era un amo del universo. Nació en 1929, año de la gran depresión. Y nació en el seno de una poderosa y rica familia de Chicago, a la que no afectó la brutal crisis económica que sufrió EE.UU y todo el mundo. Sin embargo, se convirtió en una bestia, en un asesino obsesionado con el sexo.

A los once años vio a una pareja practicando sexo. Se lo contó a su madre y está le contestó que el sexo era sucio y que si tocaba a alguien pillaría una enfermedad. Más tarde, a los 17 años, descubrió que además de sucio, el sexo podía ser sangriento. Y le gustó.

Algunas relaciones con mujeres le parecieron humillantes. Su frustración adolescente buscó una salida: se vestía de mujer y le gustaba el nazismo.

En 1942 le detuvieron por llevar una pistola al colegio. Luego se encontró un arsenal en su casa: un rifle, tres pistolas y más armas, escondidas en varias zonas de su hogar. Por ello, pasó tres años en una escuela de Indiana. En 1945 ingresa en la Universidad de Chicago (¿cómo lo hizo con sus antecedentes? Una familia rica y poderosa).  Y es en esa época cuando comienza su etapa más brutal. Comienza el allanamiento de casas. Entrar en casas extrañas le producía placer sexual.

El 3 de junio de 1945, William Heirens entró en el apartamento de Josephine Ross. Ella se despertó y se encontró con Williams. El le atacó, le cortó la gargar¡nta y la acuchilló en el cuello multitud de ocasiones. Cuando vió la sangre se tranquilizó. Le vendó el cuello con trapos. Tras ello, recorrió la casa de estancia en estancia, experimentando varios orgasmos.

El 5 de octubre allanó otra vivienda. Era la casa de una enfermera. Esta le sorprendió y Heirens salió corriendo. La policía encontró huellas digitales en la casa, pero falló en la comparativa con las que tenían de su arresto.  

Frances Brown fue su segunda víctima. El 10 de diciembre de 1945, cuando ella salía del baño, sorprendió a Heirens hurgando en su bolso. Ella empezó a gritar. Le disparó dos veces. Acabó su trabajo con un cuchillo de cocina. La llevó al baño e intentó lavar la sangre. Fue en vano. La tapó con una bata.

Suzanne Degnan, de seis años, fue su tercera y última víctima mortal. En enero de 1946 entró en su casa. Secuestró a la niña y dejó una nota de rescate para despistar a la policía. La llevó a un sotano cercano y la desmembró. Envolvió las partes en papel y las fue tirando por los desagües.

Los tres asesinatos estaban sin resolver y fue un golpe de suerte el que llevó a la detención de William Heirens. Un día la policía recibió una llamada en la que avisaban que había alguien merodeando cerca de su casa, en la parte norte de Chicago. Llegaron al lugar y tuvieron un enfrentamiento armado con Heirens, quien disparó dos veces. Margaret Houster abrió la ventana y desde su segundo piso pudo observar como media docena de policías mantenían un tiroteo contra un hombre agazapado que se escondía en el porche de su casa. La mujer cogió una de sus macetas y se la lanzó al desconocido. Se escuchó un golpe seco, un grito y, luego, silencio. La policía consiguió detenerle. Era un adolescente de ojos tristes.

En la comisaría se dieron cuenta, a través de sus huellas digitales, que era William Heirens, de 16 años de edad,  y en cuyo expediente delictivo había varias detenciones por llevar armas ilegalmente. Se libró del reformatorio por la influencia de sus padres. Se dieron cuenta que habían dado con algo más que con un merodeador.

El detective Harold se hizo cargo del caso. Inició una investigación por homicidio, a pesar de no tener pruebas. Lo único que tenía es la declaración de Heirens, quien al ser detenido gritó: "Atrapenme antes de que vuelva a matar, no puedo controlarme". Pero pasaba el tiempo, no encontraban nada y estaban a punto de liberarlo debido a la presión de la familia.

Pero, como en una pelíclua mala, hubo un giro inesperado en la investigación.  Las huellas de Heirens coincidían con las encontradas en la escena del crimen de los tres asesinatos. (Más o menos como en las serie de CSI, ¿no?).

Comienzan las investigaciones sobre los asesinatos. Uno a uno fueron tomando forma. Heirens fue confesando los crímenes y así se puedo encontrar el cádaver de su víctima la niña Suzanne Degman, diseminado por las alcantarillas.

A los otros los maté porque me encontraron robando en sus casas, pero no era yo, era George Murman , es él quien los mata. No yo.

Afirmaba tener doble personalidad, que se apoderaba de él y le obligaba matar. Estudios psicólogos que le hicieron negaron la doble personalidad y le describieron como una persona mentalmente sana. Fue condenado a tres cadenas perpetuas.

Ocho años después de comenzar su condena se convirtió en el primer preso de los Estados Unidos en sacar un título universitario por haber cursadoestudios dentro de la cárcel.

 

Aún sigue en prisión. Tiene 80 años y está diabético. Se ha presentado varias veces para obtener la libertad bajo palabra (Cómo hacía Morgan Freeman en la película "Cadena perpetua"). La última audiencia fue el 26 de julio de 2007. "Dios te perdonará, pero el estado, no". Votos: 14 en contra de la libertad condicional, 0 a favor. Siempre se la han rechazado. En el 2002 hubo una petición de clemencia, pero se archivó.

 

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2 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Pedro e Freile m

Pedro e Freile m dijo

En realidad, no existen pruebas suficientes para decir que Heirens fuera el "asesino del lápiz de labios" (se le llamó así porque dejó una nota con lápiz labial en la pared de una de sus víctimas pidiendo que lo atrapen -no lo gritó Heirens cuando fue arrestado-). Incluso, aparentemente los tres asesinatos que se le incriminaron pudieron haber sido cometidos por personas diferentes.

Es uno de los más famosos casos en los que se sospecha una horrible inculpación por parte de la policía, notoriamente acudiendo a herramientas no sólo ilegales, sino inhumanas (tortura, "sueros de la verdad", chantajes), con tal de encontrar el chivo expiatorio para acallar las masas desesperadas. De un plumazo, condenaron a un hombre por tres crímenes horribles que clamaban justicia. Es por esto, por proteger a la "infalible" justicia norteamericana, que hasta hoy no se le concede la libertad a un individuo que, si bien era culpable de robo y posesión de armas, no entra en el perfil del asesino, peor serial. Y que además ha demostrado ser una persona correcta y con afán de superación durante estos sesenta años de cárcel.

Dios quiera que se apiaden de él, y que se limpie su memoria dejando de regar la historia falsa con la cual lo inculparon. Se requiere más investigación antes de manchar el nombre de una persona de esta manera.

23 Febrero 2010 | 06:55 PM

P Bateman

P Bateman dijo

Estimado Pedro e Freile, muchas gracias por acercarte hasta aquí y leerme. Como me ha ocurrido con el post de Pedro Alonso López, para el de William Heirens me documente en varias fuentes. Y en la mayoría de ellas, Heirens grita y sólo una comenta lo del lápiz de labios. A la hora de redactar el artículo me inclinaba más y me cuadraba más el lápiz de labios que el grito.

¿Es culpable o no? La justicia de los Estados Unidos no me merece demasiada confianza. Sin embargo, funciona bastante bien para los ricos. Y Heirens venía de una familia rica e influyente.

¿Tortura? No lo sé ni lo he leído en ningún lugar. De todas maneras, no me extrañaría.

Este caso me recuerda una muy buena película de cárceles, "Cadena Perpetua". A Morgan Freeman y sus revisiones de condicional.

Hablas de piedad con él. En caso de que fuera inocente, se puede hablar de piedad tras casi 50 años de cárcel. Y si es culpable... ¿hasta dónde llega la redención?

Un saludo.

Apiadar de él a estas alturas????

16 Marzo 2010 | 02:16 PM

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Llamarme Bateman. Estoy en la cuarentena con crisis vital permanente, desorientado por este mundo. Mi escepticismo y mi fe en el ser humano no hace más que disminuir. Quería convertirme en asesino en serie para aliviar mi falta de perspectivas. Soy un perezoso.

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